Nuestra visión
Palabras de la presidenta
Hay destinos que se niegan a seguir los caminos marcados. El mío se ha forjado en medio de la tormenta, no como una carga infructuosa, sino como la base de un compromiso absoluto.
Crecí en un lugar que debería haber sido un refugio y que no fue más que un abismo. Allí, la violencia se manifestó en todas sus formas: la brutalidad de los golpes, el aguijón de las palabras, las humillaciones y la profanación más íntima de las violaciones y el incesto. Esos fueron los únicos amaneceres de mi infancia y mi adolescencia.
Conozco demasiado bien esa soledad absoluta ante el estruendo del trauma. Cuando eres mujer, sola y sin hijos, los sistemas sanitarios y judiciales te ignoran: te conviertes en un punto ciego, en una inexistencia administrativa ante el silencio de las instituciones. Es contra ese vacío contra el que lucho hoy, para que ninguna superviviente se encuentre nunca más sola ante la ausencia de las estructuras que se supone que deben protegerla.
He convertido mis heridas en fuerza, lo que me ha llevado a dedicarme a la ayuda humanitaria. Durante más de diez años, tanto en la Cruz Roja como en los Restos du Cœur, tanto en Francia como en lejanos escenarios de operaciones, he aprendido el verdadero significado de «tender la mano».
De esta doble exigencia surgió, en julio de 2019, la asociación Elien Rebirth, con el objetivo de luchar contra los delitos sexuales contra menores, una lacra que durante demasiado tiempo ha quedado sepultada bajo el silencio. En el centro de esta lucha, la defensa de las personas con discapacidad se erige como una urgencia absoluta, dada la cobarde explotación de su vulnerabilidad.
Hacer oír la voz de aquellos a quienes se ha silenciado es la lucha de mi vida.
Nuestra visión: Nunca más el silencio
Ninguna sociedad puede pretender ser justa mientras tolere, aunque sea por omisión, los delitos contra menores y la violencia sexual hacia los niños. Estos delitos no son tragedias individuales aisladas: son el síntoma de fallos sistémicos, institucionales, sociales y digitales que permiten que esta violencia persista y quede impune. Nuestra misión es transformar, en profundidad, los marcos que hacen posible los delitos contra menores.
Un enfoque centrado en los supervivientes
Nuestra labor se basa en un principio rector: la voz, los derechos y la experiencia de los supervivientes deben ocupar un lugar central en cualquier respuesta a este tipo de violencia. Esta exigencia se hace eco de los compromisos adquiridos en la Primera Conferencia Ministerial Mundial sobre la Eliminación de la Violencia contra los Niños (Bogotá, noviembre de 2024), y se mantendrá en la segunda conferencia, que se celebrará en Manila en noviembre de 2026.
Esto significa reconocer el testimonio de los supervivientes como una fuente legítima de conocimiento, involucrarlos en nuestras acciones de prevención y defensa, y rechazar cualquier enfoque sensacionalista que los reduzca únicamente a la condición de víctimas.
Además, basamos nuestras intervenciones en un enfoque que tiene en cuenta el trauma (trauma-informed approach): comprender cómo el trauma afecta a la memoria y al comportamiento de las víctimas es fundamental para no agravar, sin quererlo, su sufrimiento ni restar validez a su testimonio.
Transformar los sistemas, no solo las conciencias
Ciertos aspectos del funcionamiento institucional —como la rigidez, la compartimentación o la falta de formación— pueden, sin intención maliciosa, invisibilizar o tratar inadecuadamente a las víctimas. Interrupciones en el proceso, falta de coordinación entre los agentes, insuficiencia de formación especializada: estas deficiencias, aunque rara vez sean deliberadas, producen efectos reales y, en ocasiones, irreversibles en las personas a las que deberían proteger.
Por eso, nuestra labor de defensa, tanto a nivel nacional como internacional, no se limita a alertar: tiene como objetivo defender y proponer cambios concretos en las políticas públicas y las prácticas profesionales.
Nuestra visión se enmarca plenamente en el ámbito de los derechos humanos, en particular los derechos del niño. Ningún acto de abuso sexual infantil puede relativizarse ni justificarse por el contexto, la institución o la relación con el autor de los hechos.
Nuestra ambición
Queremos contribuir a una sociedad en la que:
- Nunca se pone en duda el testimonio de un niño o una niña, ni el de un superviviente;
- Se forma a las instituciones y se les dota de las competencias necesarias para actuar con eficacia, sin interrupciones en el proceso;
- La prevención es una responsabilidad colectiva, no una carga para las víctimas ni para sus familias;
- La reconstrucción puede basarse en la escucha, la ayuda mutua y una sociedad movilizada.